Antecedentes

Estudios de la etnohistoriadora María Rostworowski del año 1978 señalaron que lo que ahora conocemos como Huaca Pucllana era, hacia finales del siglo XVI propiedad del curaca Don Pedro Chumbi Charnan, principal del señorío de Huatca. Los documentos aluden a transacciones comerciales y este noble indígena menciona en una de las probanzas que sus tierras limitan en cierta parte con el cerro de la Pugliana o Pucllana. El sitio fue usado como atalaya para vigilar el litoral y figura como tal en algunos mapas de la colonia, su altura y posición privilegiada al medio de la bahía de Lima hacía del sitio un lugar adecuado para labores de este tipo.

 Viajeros y exploradores (Siglo XIX)

En los escritos de los viajeros de los siglos XVIII y XIX se encuentran menciones a la “Huaca Juliana”. El Dr. Ernst Middendorf, viajero y estudioso alemán recorrió Perú a finales del siglo XIX y mencionó algunos aspectos interesantes referentes a Pucllana, por ejemplo que se trata de una colina artificial muy larga, pero relativamente ancha, la presencia al oeste de un campo rectangular cercado de 480 pasos de largo por 70 pasos de ancho y la composición de la “colina” por terrazas revestidas de muros.

 Arqueología del siglo XX

El siglo XX marca el inicio de las investigaciones arqueológicas en Perú con los trabajos del filólogo alemán Max Uhle. Él consideró a “Huaca Juliana” como miembro de un  grupo de sitios junto a Nievería, Copacabana, Maranga y Pachacámac; correspondientes a  la manifestación de una densa población que debió haberse sostenido por medio de una “organizada y floreciente agricultura”, debido a la monumentalidad de sus construcciones que necesitaron de ingentes cantidades de mano de obra. La civilización a la que pertenecieron estos sitios fue denominada como Proto-Lima.

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Otras referencias al sitio se encuentran en los trabajos del autodidacta Pedro Villar Córdova quien, en 1935, publicó una clasificación de sitios en  base a la descripción de la arquitectura y técnicas constructivas, definiendo a la cultura Lima como “poblaciones agrícolas con habitaciones rudimentarias, formando grandes campamentos… los templos semejan colinas artificiales … hechos con adobes pequeños”, “Huaca Juliana” es considerada como parte de este grupo.

En 1941, el Dr. Tello, ejerciendo su cargo de inspector general de monumentos arqueológicos inició una labor de defensa importante del sitio, en particular de un sector ya desaparecido que se hallaba al otro lado de la avenida Angamos. Ordenó la suspensión de los trabajos que venía ejecutando la Compañía Urbanizadora Surquillo S.A., e inició estudios arqueológicos de rescate, dado que varios montículos pequeños ya habían sido destruidos.

A comienzos de la década de los cincuenta del siglo pasado el estadounidense Louis Stumer efectuó reconocimientos arqueológicos y exploraciones en la costa central. En 1954 publicó una clasificación de asentamientos prehispánicos, en donde distingue los centros ceremoniales del valle del Rímac. “Por su gran pirámide central escalonada y el uso de innumerables hileras de adobitos rectangulares hechos a mano y en molde”.

Otra investigación meritoria fue la desarrollada por Alfred L. Kroeber, que en 1955 publicó los resultados de los trabajos que realizara 30 años atrás en los complejos arqueológicos de Maranga, Juliana, y Bajada Balta. La finalidad de sus estudios era encontrar evidencia contrastable para definir mejor el estilo  Proto-Lima.

En 1966, Thomas C. Patterson publicó una propuesta clasificatoria de la alfarería Lima a la que va a denominar como “Estilo Lima”. Es aquí donde este material es organizado tipológicamente y se propone un nombre estándar para agrupar los diversos estilos definidos anteriormente (Cajamarquilla, Nievería, Maranga, Interlocking, Playa Grande, Baños de Boza, etc.). Dividió el estilo Lima en nueve fases consecutivas. La fase 9, la última, fue segregada de los materiales correspondientes a las recolecciones superficiales realizadas en Huaca Juliana.5b

En 1967, a solicitud del Municipio de Miraflores, de quien era alcalde, el historiador Juan José Vega se realizó una serie  de trabajos en el sitio que estuvieron a cargo de la arqueóloga Isabel Flores Espinoza, estos fueron los primeros trabajos sistemáticos en el sitio y se centraron en las plataformas superiores del edificio de la Gran Pirámide.